Ella agoniza.
Laureles mustios coronan su sien.
El peso de las cadenas agobian su brazo
tantas veces levantado con orgullo.
Cadenas que no han sido rotas,
cadenas de impunidad,
cadenas manchadas de sangre.
Cóndor de vuelo rasante
Lastima su orgullo.
Laureles mustios que supimos conseguir.
¡Madre, no te rindas!
Si te inclinas al peso del dolor;
¿Qué nos queda?
Tus hijos clamamos por ti,
Madre , no te rindas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario