viernes, 27 de noviembre de 2015

CUANDO CIERRA LA BIBLIOTECA




Suben las voces de la calle; hoy se escucha un rock violento, ayer un bombo legüero: contrastes de la peatonal cordobesa.
La ventana de la biblioteca Arturo Torres deja entrar los sonidos y en un haz de luz reverberan partículas de polvo dorado. Ellas danzan, se arremolinan, suben y bajan. Mi mano se divierte en ese camino de luces y sombras. El olor, tan particular de los libros viejos me envuelve y contribuye al sopor de mi mente. Cruje el cuero del sillón destartalado cuando me arrellano en él. El atril con el libro elegido recibe los últimos rayos del sol de la tarde. Bailotean las letras y las lentes bajan por el tobogán de mi nariz…
La oscuridad me sorprende. El libro está en el suelo, las lentes también. Un sudor frío comienza a bajar por la columna, los pelos de los brazos se ponen alerta. «¡Se han ido!»Desconozco las manos crispadas que toman el sillón. «¡Esto es miedo! » Hace mucho que la adrenalina estaba desactivada en mí; por lo menos en
estas circunstancias. Voy hacia la puerta y, por supuesto, está cerrada.
«La alarma activada solo para el exterior, pienso, si no ya estaría sonando.»
Por la ventana no suben sonidos. La ciudad duerme. En la esquina, una sombra que parece humana, duerme bajo una montaña de frazadas rotas.
«Golpearé la puerta, los guardias van a escuchar». Levanto el puño cerrado y desde el estante a mi derecha, cae un libro. Miro; el corazón al galope no me deja escuchar otros sonidos. Voy a tomarlo y una ráfaga helada me lo impide. Alguna luz se filtra por la ventana  pero no hay aire en movimiento. ¡Está cerrada!
Quiero llamar y las palabras no salen; quiero golpear y ahora caen varios libros de los estantes. Las hojas pasan como en un celuloide cinematográfico. Imágenes terribles se proyectan en los lomos de los libros; rostros crispados, ojos sin órbitas, cráneos que estallan, disparos sordos. Cuerpos agónicos se retuercen en los anaqueles.
Algo me dice que debo cerrar el libro que vomita estas imágenes. Me arrastro y venciendo la fuerza huracanada de sus páginas abiertas, lo cierro.
El titulo de letras en relieve se distingue en la penumbra: “¡Nunca más!”

María Teresa Nannini


2 comentarios:

  1. Comentaba con una amiiga común, que carrera literaria hubieras desarrollado, ei eso pájaros que vuelan con tanta soltura, gracia y belleza, los hubieras liberado en otras etapas. Esto solo para expresar mi admiración por tu talento. Hay acciones y despertares que se producen cuando nuestro espíritu lo reclama, no antes!!
    Ed

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