sábado, 19 de septiembre de 2015

PALABRAS





Otra mañana que comienza al mediodía. El olor acre de la habitación sale por debajo de la puerta. Cruje la cama y una especie de sombra somnolienta levanta las sábanas y se sienta. Los pies se enfrían en el entablonado. Caminan y patean bollos de papel que se amontonan en el piso.
«¿Esta persona  que te mira desde el espejo, sos vos, Rafael? ¡Ah qué aliento de perro! Estas bolsas bajo los ojos parecen de un marsupial. Otra noche así y no contás el cuento.»
Suena el celular.« ¡Ufa, es él»!
- Hola. ¡Sii! Tal vez mañana lo tenga. No te prometo nada. ¡Y bueno, no me pagués, qué carajo me importa! Corta.
 -¡Me tiene podrido!
Un café calentado y un pan seco es lo único que lo espera en la cocina. Desde la calle suben las notas de una propalación del pueblo. Todas las notas de un pentagrama cuartetero.
«Cómo para inspirarme con el tunga tunga. Querer volar con las palabras cuando no puedo salir de este abismo mediocre que es mi vida… ¿De qué me sirven los años de universidad cuando no puedo hilvanar una nota para este editorcito desdibujado? ¿A dónde quedó aquel Rafael que rodeaban en las tertulias? ¿Aquel juglar de la palabra fácil, de la risa explosiva, adónde fue?»
«Aquí se va con el primer alplax de la mañana y corre con el agua del inodoro. El color ámbar pálido, olor sui generis se lleva las palabras en este remolino turbio.»
«¿Cuándo fue que perdiste el sentido de la vida? Cuando ella se fue las horas comenzaron a arrastrarse en una calesita sin sortija.
¡Ella se llevó las palabras!»
«Sus ojos se llevaron las vocales, sus labios, las consonantes. Las pestañas cerraron los signos de interrogación, sus mejillas los paréntesis. En sus manos se  fueron las frases; sus caderas encerraron todas las metáforas. ¡Estoy vacío!»
Rafael abre la puerta, el sol lo enceguece, la música lo envuelve. Baja la escalera, una astilla del pasamano lo lastima y ni lo siente. En la calle, cree verla, apura el paso. 
Corre detrás de las palabras.

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